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La iglesia embrujada

 

Capítulo 1"Recién llegados"  

 

               Matías había llegado con su familia a un pueblo de la provincia de Salta, él venía de Buenos Aires porque a su papá lo trasladaron del trabajo y era indefectible que se mudaran a ese lugar. Lo que más le llamó la atención a Matías fue que su actual casa quedaba justo enfrente de una vieja y gran iglesia.

              Una tarde salió con un grupo de nuevos amigos a recorrer el lugar. Ellos le contaron que la iglesia que estaba frente a su hogar tenía una historia un poco terrorífica, ya que antes de ser construida allí existía un cementerio indio. Él tomó a gracia lo que le habían dicho y el paseo prosiguió sin más.

              Una tarde lluviosa, cayendo ya la oración, a Matías le entró la intriga en su mente y se acercó a la ventana. ¿Sería verdad lo que sus amigos le habían dicho? ¿Tal vez solo querían asustarlo para burlarse de un porteño recién llegado?

              Eran ya las 9 de la noche y su mirada seguía fija en dicho lugar. Por un momento creyó ver movimientos justo en el campanario, pero no se dejó llevar por ello, habían sido muchas horas frente a la ventana y sus ojos se estaban burlando de él.

              Luego de la cena se dispuso a dormir, pero la idea de lo que le habían dicho no se separaba de su mente. Muy tarde, por la madrugada, lo despertó un ruido inusual......  

 Capítulo 2 : "Extraños en la noche"

              Él miró  por la ventana de su  cuarto y vio una extraña sombra. Intrigado bajó a la sala principal donde se podía ver mejor.

               Se quedó media hora mirando hacia la extraña iglesia, al costado de la misma se veía a alguien rondando, llamó a Pablo su hermano mayor, le contó el extraño suceso. Juntos se quedaron observando unos diez minutos más. Vieron pasar a un hombre corriendo hacia la iglesia, se asustaron, cerraron la ventana, esperaron veinte minutos, como no se observaba movimiento alguno, y el hombre no regresaba, decidieron salir cautelosamente y dirigirse hacia allí.

              Cuando ya estaban a metros de su meta, un movimiento extraño en la noche, los paralizó, otro hombre, y estaba con un hacha, se introducía en la iglesia.  Se oyeron gritos, golpes y luego silencio.

                Pablo tomó un palo siguieron caminando hacia la iglesia, abrieron la puerta. Solo se sintió el ruido de las bisagras. Matías no quiso entrar, estaba muy asustado, Pablo lo convenció. La iglesia era tan grande que debieron separarse en el recorrido, subieron  en escalera diferente. Por un instante, nuevamente el  silencio...

              Un rato después, Matías gritó, Pablo corrió en su ayuda pero ya no lo encontró el campanario comenzó a sonar.   

 

Capítulo 3: “La tragedia sacude al pueblo”

               Pablo continuó buscando y llegó al campanario rápidamente, mientras subía comenzó a ver a su paso hilos de sangre fresca por todos lados. No quiso continuar, tenía un feo presentimiento.   Bajó corriendo las escaleras y en su enloquecido paso se llevó por delante a su hermano...

-¡¡Matías!!, pensé lo peor... replicó agitado, mientras lo abrazaba.

– Estoy bien, solo grité porque vi en la pared del sótano una sombra y salí corriendo.

– Bueno Mati, salgamos de aquí, esto se pone feo...

              Salieron de la iglesia intrépidamente sin siquiera voltear hacia atrás.   Al otro día, salió publicado en el diario, que en la iglesia de la calle San Pedro, encontraron a un sacerdote con un hacha clavada en medio de su pecho.

              Esa misma noche, la curiosidad comenzó a carcomer a los hermanos y se dirigieron nuevamente al lugar de los hechos.

              Mientras cruzaban la calle, su madre alcanzó a verlos. Quiso llamarlos a través de la ventana, pero no la escucharon. Inmediatamente se dirigió a la puerta, no podía permitir que dos chicos anduvieran solos a esas horas de la noche, por más que al lugar donde iban fuera la iglesia. Al salir solo alcanzó a ver la puerta del edificio cerrándose estrepitosamente detrás de ellos. El temor la embargó y decidió no seguirlos, pero sí darles una lección, entonces llamó a la policía para que les dieran un susto y no volvieran a ausentarse de su casa tan tarde.

              A los 15 minutos la policía llegó. Abrieron la puerta del lugar y desde allí alcanzaron a ver en el altar a los dos jóvenes arrodillados. Grande fue el horror y la sorpresa cuando al acercarse junto a ellos, divisaron, como un hacha los atravesaba a la altura de sus pechos...

              Nadie podía creer lo que había sucedido, pero...

 

Capítulo 4: Triste final

                Al querer los policías acercarse a ellos, una sensación de horror no se los permitía, era como si alguien los observara, pero también era su trabajo averiguar quien asesinó a esos chicos y hacia sus cuerpos se dirigieron con cautela. Al querer tocarlos se sorprendieron por algo: los cuerpos no derramaban sangre pero sin embargo su piel estaba fría y con la palidez de la muerte.

                Uno de los policías salió de la iglesia para comunicarles a los padres lo que había pasado mientras el otro quedaba en esa iglesia investigando mas sobre el tema.

                El policía toca timbre, sale la madre pregunta:

- ¿Que necesita?

- ¿Usted es la madre de Matías y Pablo? preguntó el policía.

- Sí, soy yo. ¿pasó algo?

- Lo lamento mucho señora pero a sus hijos los encontramos muertos aquí enfrente de su casa, en esa vieja y abandonada iglesia.

                Con dolor y bronca la mamá de los chicos comenzó a gritar desconsolada, como si algo le arrancaran de su cuerpo y llevando su mano al pecho lloraba con tanta angustia que sus lágrimas salían una tras otra mojando sus mejillas.  Marta, desesperada y sin consuelo quiso dirigirse hacia allí pero su esposo que estaba a su lado no la dejó, compartiendo el dolor con ella la abrazó en la puerta de la casa.

                Tras varias semanas de esa tragedia nunca supieron lo que había pasado aquel día en aquella iglesia. Lo único que hicieron fue clausurar el lugar, para que nunca nadie se atreva a entrar allí.

                Marta y sus esposo después de tanta desdicha se fueron a vivir a otra provincia, lejos de lo que había pasado y lejos, sobre todo, de aquella maldita  iglesia embrujada.

fin


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